Editorial: Superhéroes con síndrome de Down
Superhéroes con síndrome de Down
Cuando nace un niño con síndrome de Down los pensamientos de los padres se dirigen, inmediatamente y de forma inevitable, hacia todas las posibles limitaciones que tendrá a lo largo de su vida. ¿Será capaz de andar? ¿Podrá hablar? ¿Irá a la escuela? ¿Llegará a leer? ¿Dependerá siempre de nosotros? Preguntas de este estilo martillean la cabeza de los padres en los primeros instantes, desconcertados por la nueva situación, que en la mayor parte de las ocasiones sienten que les desborda.
Efectivamente, el síndrome de Down viene acompañado de múltiples dificultades, fruto del tercer cromosoma añadido, la más importante de las cuales es la discapacidad intelectual, debida a que el cerebro es el órgano más complejo del cuerpo y, por tanto, el más afectado por la trisomía. Limitaciones en la memoria, en el lenguaje, en el razonamiento o en las funciones ejecutivas son algunos de los efectos que aparecen.
De ahí que los esfuerzos habitualmente se dirijan a compensar esas limitaciones. Comenzando por los programas de Atención Temprana y siguiendo con el resto de intervenciones que desde los primeros días se ponen en marcha, la energía suele enfocarse hacia esas carencias, con objeto de evitar o paliar sus efectos.
No obstante, los niños con síndrome de Down, como todas las personas, tienen también enormes potencialidades, que quedan relegadas en el olvido en la vorágine del desconcierto de esos primeros momentos. Independientemente de las capacidades en las que destaque un niño concreto, hay aspectos comunes que comparten la mayor parte de las personas con síndrome de Down y que suponen lo que podríamos llamar sus superpoderes, como los que poseen los superhéroes que vemos en determinadas series y películas.
Por ejemplo, los niños con síndrome de Down aprenden mejor a través de la vista, por lo que es recomendable trabajar con imágenes o fotografías, cuando lo habitual es que utilicemos la comunicación verbal para enseñarles. También tienen un superpoder en su capacidad de imitación, que les permite aprender con más facilidad observando o imitando a otras personas. La empatía o capacidad de sintonizar con los demás, es otra potencialidad destacada en la mayor parte de ellas, por la que saben cuándo quienes les rodean se encuentran tristes, cansados o enfadados, y les mueve a darles su apoyo. El buen humor y la alegría también son superpoderes frecuentes entre estas personas, que impregnan su vida cotidiana con frecuencia y se contagian entre quienes les rodean. Y no podemos dejar de mencionar la lentitud, una virtud denostada en la actualidad, en el mundo frenético en el que nos movemos, pero que resulta imprescindible para saborear la vida.
Podríamos extender mucho más esta recopilación de superpoderes, pero animo al lector a que estudie las potencialidades del niño, del joven o del adulto con síndrome de Down con el que convive, cambiando el foco de su mirada de la limitación a la capacidad, de la barrera a la posibilidad, de la debilidad a la fortaleza, de la discapacidad al superpoder. Todo el mundo saldrá beneficiado de este cambio de perspectiva.




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