Editorial: ¡Qué difícil es aprender!
¡Qué difícil es aprender!
Aprender es un proceso complejo. El enseñante intenta transmitir lo que sabe, lo que es, para que otra persona se beneficie de su saber, de su experiencia y, a ser posible, no cometa los errores que él cometió. Pero el aprendiz no siempre está preparado para recibir el legado, el regalo de esa sabiduría, pues en ocasiones no puede y en otras no quiere recibirlo.
Los niños con síndrome de Down, por lo general, se podrían situar en el grupo de los aprendices que no pueden, aunque con frecuencia tampoco quieren, precisamente porque les resulta costoso el aprendizaje. De hecho, necesitan que se les enseñe lo que otros aprenden sin consciencia ni esfuerzo, y perciben esa limitación. Ven como sus hermanos, sus amiguitos, sus compañeros, aprenden a caminar, a hablar, a leer, a sumar, casi sin darse cuenta, mientras que ellos han de dedicar muchas más horas, más ejercicios, más ensayos, más práctica, más esfuerzo, en fin, para conseguirlo. Por eso, en ocasiones prefieren no intentarlo y se escudan en frases hechas como “no sé”, “no quiero”, “ahora no”, “déjame”, que no son más que formas de expresar el temor al fracaso al que no quieren enfrentarse.
En otros momentos, lo que ocurre es que no pueden, pues se les exige más de lo que son capaces de dar. Algunos padres, optimistas y positivos, han hecho suyas frases como “conseguirás ser lo que quieras ser” o “puedes alcanzar todo lo que te propongas”, y llevan a su hijo más allá de los límites de sus capacidades. La sobreestimulación tiene efectos perjudiciales que pueden ser más peligrosos, en ocasiones, que la falta de estimulación. Es bueno ser optimista, es imprescindible ser positivo y creer en las potencialidades de tu hijo con síndrome de Down, pero nunca has de perder de vista el principio de realidad. Puedes producir en tu hijo frustraciones dolorosas, que le lleven en el futuro a rechazar nuevos intentos, convencido de que va a resultar imposible, pues sus fracasos previos así se lo hicieron ver. Incluso pueden convertirse en factores estresantes internos que lleguen a alterar su estado mental y desencadenar cuadros de ansiedad y depresión, de intensidad diversa.
Entonces, ¿cómo puedo ayudar a mi hijo, a mi alumno, con síndrome de Down, que no quiere o que no puede aprender?
En primer lugar, observándole, escuchándole, percibiendo qué es lo que es capaz de realizar, para encontrar el límite de sus posibilidades. El día a día nos proporciona múltiples ocasiones para comprobar qué es lo que le gusta hacer y qué es lo que puede hacer. De ahí hemos de partir. No de lo que nosotros pensamos que puede llegar a alcanzar, sino lo que hemos constatado en la realidad que es capaz de realizar. En ese punto se encuentra la línea de salida. Para llegar a otro lugar, partimos siempre de donde estamos, no de donde nos gustaría estar. Y será el niño quien nos indique en qué punto se encuentra.
A partir de ahí, estableceremos los nuevos objetivos, las metas a corto, medio y largo plazo que nos permitirán asfaltar el camino hacia su máximo desarrollo personal. Nuevos retos diarios adaptados a sus posibilidades que le ayuden a ir mejorando día a día. Escalones creados expresamente al tamaño de sus pies, al alcance de sus pasos, para que pise con firmeza y se sienta seguro en el ascenso hacia su aprendizaje. Si el escalón en muy bajo no sentirá la mejoría y se aburrirá. Si el escalón es muy alto no podrá colocar el pie en él, y dejará de intentarlo.
Y siempre, creyendo en él y ayudándole a que crea en sí mismo. Nuestra confianza en él ha de ser tan firme que acabe por transmitirle autoconfianza. Para superar los “no sé” y los “no quiero”, tenemos que estar junto a él para confirmarle una y otra vez que sí puede, que lo va a lograr, que nunca estará solo, pues estaremos a su lado para darle la mano y ayudarle si es que en algún momento titubea. Nosotros hemos de ser la barra de sujeción, el asidero al que se podrá agarrar cuando sienta dudas, cuando el suelo no sea firme, cuando su autoconfianza se tambalee.
Si le ayudamos a definir un proyecto de vida adaptado a sus posibilidades y si creemos en él y le transmitimos nuestra confianza, es seguro que avanzará, poco a poco, pero con paso firme, en ese costoso proceso de aprendizaje que es, a fin de cuentas, la esencia del paso por la vida.




Comentarios
Gracias!
Muchísimas gracias un mes más, por su excelente revista, por su excelente trabajo en este portal web.
Un abrazo.