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- Edad de diagnóstico de enfermedad de Alzheimer y factores asociados en las personas con síndrome de Down.
- ¿Cómo perciben los padres lo que significa la vida adulta cuando sus hijos con síndrome de Down se van aproximando a ella?
- Evolución del estado neuroinflamatorio a lo largo de la vida de las personas con síndrome de Down.
- El autismo en adultos con síndrome de Down.
- Actividades organizadas y no organizadas de ejercicio físico en adolescentes y adultos jóvenes con síndrome de Down.
- Edad de diagnóstico de enfermedad de Alzheimer y factores asociados en las personas con síndrome de Down
Frode Kibsgaard Larsen, R. Asaad Baksh, Eimear McGlinchey, EllenMelbye Langballe, Bessy Benejam, Jessica Beresford-Webb, Mary McCarron, Antonia Coppus, Segolene Falquero, Juan Fortea, Johannes Levin, Sandra V. Loosli, Ruth Mark, Anne-Sophie Rebillat, Shahid Zaman, Andre Strydom. (2024). Age of Alzheimer's disease diagnosis in people with Down syndrome and associated factors: Results from the Horizon 21 European Down Syndrome Consortium. Alzheimers Dement. 2024 May;20(5):3270-3280. Doi: 10.1002/alz.13779.
El estudio ha examinado las medias de las edades en que se han diagnosticado la enfermedad de Alzheimer (EA) y la patología asociada en 1.335 adultos con síndrome de Down pertenecientes a seis centros ubicados en cinco países europeos: Reino Unido (London Down Syndrome Consortium [LonDownS], Cambridge Dementia in Down’s Syndrome [DiDS] cohort), Alemania (Grupo de estudio AD21, Munich), Francia (TriAL21 para Lejeune Institute, París), España [Iniciativa de Neuroimagen Barcelona (DABNI)], y Países Bajos (Rotterdam Down syndrome study), miembros todos ellos de H21DSC.
Las medias de edad en las que se realizó el diagnóstico fueron relativamente constantes entre los países: oscilaron entre 51,4 ± 7,0 años (Reino Unido) y 55,6 ± 6,8 años (Francia). A mayor número de problemas coexistentes, más temprano fue el diagnóstico de EA, especialmente los relacionados con el sueño y con el estado mental del individuo. Como era de esperar, la presencia de apo ε4 fue otro factor que influyó sobre el adelanto del diagnóstico. Otros factores, en cambio, fueron más variables entre los diversos países, como se aprecia en la siguiente tabla:
|
Variable |
España |
Francia |
Alemania |
Países Bajos |
Reino Unido |
Valor de p |
|
n |
311 |
188 |
42 |
417 |
377 |
|
|
Sexo |
||||||
|
Varón |
169 (54,3) |
89 (47,3) |
25 (59,5) |
262 (62,8) |
197 (52,3) |
0,003 |
|
Mujer |
142 (45,7) |
99 (52,7) |
17 (40,5) |
155 (37,2) |
180 (47,7) |
|
|
Media de edad en la evaluación |
45,19±10,83 |
49,86±7,43 |
37,48±13,6 |
51,69±5,05 |
40,91±13,51 |
<0,001 |
|
Nivel de DI |
|
|||||
|
Ligero |
63 (20,3) |
20 (10,9) |
21 (50,0) |
54 (12,9) |
137 (37,0) |
<0,001 |
|
Moderado |
160 (51,4) |
124 (67,4) |
15 (35,7) |
203 (48,7) |
175 (47,3) |
|
|
Grave |
88 (28,3) |
40 (21,7) |
6 (14,3) |
160 (38,4) |
58 (15,7) |
|
|
Diagnóstico de EA |
87 (28,0) |
48 (25,5) |
12 (28,6) |
65 (15,6) |
64 (17,1) |
<0,001 |
|
Media de edad al diagnóstico de EA±DE |
53,47±5,53 |
55,6±6,8 |
53,62±5,24 |
55,13±4,15 |
51,4±7,02 |
0,002 |
|
Declive en la EA |
||||||
|
Ningún declive cognitivo |
181 (58,2) |
104 (55,3) |
22 (52,4) |
|
219 (58,9) |
<0,001 |
|
Problemas cognitivos por otras causas |
18 (5,8) |
28 (14,9) |
4 (9,5) |
|
45 (12,1) |
|
|
Posible EA prodrómico |
25 (8,0) |
8 (4,3) |
4 (9,5) |
|
44 (11,8) |
|
|
EA definitivo |
87 (28,0) |
48 (25,5) |
12 (28,6) |
|
64 (17,2) |
|
|
Otros diagnósticos de salud mental, Sí |
28,9 (9,0) |
67 (35,6) |
12 (29,3) |
|
83 (22,8) |
<0,001 |
|
Medicación psicotropa |
126 (50,0) |
66 (35,1) |
7 (17,5) |
|
75 (20,1) |
<0,001 |
|
Epilepsia, sí |
61 (19,6) |
35 (18,6) |
7 (17,1) |
87 (24,4) |
57 (16,9) |
0,15 |
|
Problemas de sueño, Sí |
30 (10,1) |
88 (46,8) |
4 (9,8) |
43 (12,4) |
38 (11,4) |
<0,001 |
|
Hipotiroidismo, Sí |
145 (46,8) |
103 (54,8) |
22 (53,7) |
88 (23,5) |
147 (40,8) |
<0,001 |
|
Problemas sensoriales, Sí |
148 (61,9) |
69 (36,7) |
7 (17,5) |
337 (82,4) |
318 (84,6) |
<0,001 |
|
Otra comorbilidad |
|
82 (43,6) |
32 (80,0) |
|
287 (76,5) |
<0,001 |
|
Estado de APO-E |
||||||
|
No ε-4 |
238 (79,6) |
142 (77,2) |
|
305 (73,1) |
268 (71.1) |
0,04 |
|
Portadores ε-4 |
57 (19,1) |
39 (21,2) |
|
94 (22,5) |
101 (26,8) |
|
|
ε2:ε4 |
4 (1,3) |
3 (1,6) |
|
18 (4,2 |
8 (2,1) |
|
Comentario: Es un estudio en el que han participado importantes centros de cinco países europeos, los cuales coinciden en establecer una cifra de edad de diagnóstico en la primera mitad de la década de los cincuenta años. La presencia de apo ε4 reduce (adelanta) la edad de diagnóstico, así como, en general, los problemas de sueño y de salud mental. Contrasta la alta frecuencia de medicación psicotropa que recibían los pacientes en España en el momento del diagnóstico, en comparación con la de los demás países, pese a que la frecuencia de diagnósticos de salud mental fue menor.
- ¿Cómo perciben los padres lo que significa la vida adulta cuando sus hijos con síndrome de Down se van aproximando a ella?
Katherine L Long, Atefeh Karimi, Antonella Mini, Dionne P Stephens, Eliza L Nelson. (2024). The meaning of adulthood for emerging adults with Down syndrome: Parent perspectives on relevant skills. J Appl Res Intellect Disabil. 2024 Sep;37(5):e13286. Doi: 10.1111/jar.13286.
Este estudio fenomenológico cuantitativo, realizado en el Sur de Florida (EEUU), trató de caracterizar qué significado tiene para los padres la adultez de sus hijos con síndrome de Down (SD) conforme se van incorporando a ella, y cuáles son las habilidades y los apoyos importantes que necesitan para conseguir que la transición tenga el éxito deseado. Con esta finalidad los autores entrevistaron por Zoom a 8 madres y 3 padres, entre 46 y 70 años, para que respondieran de manera abierta a una serie de preguntas sobre la adultez, la vida independiente y la participación de sus hijos en actividades de ocio y tiempo libre en su comunidad; sus hijos tenían entre 20 y 29 años. Del análisis interpretativo de las respuestas se identificaron: a) 3 temas principales: el concepto de los padres sobre el significado de la adultez en sus hijos, cómo perciben la transición hacia ella, y cómo perciben las actuales habilidades de sus hijos adultos, y b) 10 temas interpretativos.
El significado de la adultez. Los padres ven a sus hijos que se van haciendo adultos como adultos en algunos sentidos pero no en otros. Para algunos padres, la adultez venía marcada por la edad. Para otros dependía más bien de su madurez emocional, mental, física y su capacidad para tomar sus propias decisiones. Otros padres sugerían que la adultez significaba un cambio de papeles (p. ej., de ser observador en una votación a estar registrado para votar). Todos coincidieron en mencionar la existencia de un programa de día o un programa laboral que fuera significativo para su hijo. Una adultez que va brotando es una consecuencia de los modernos cambios en el estilo de vida, como son integrarse en la educación superior, retrasar la edad del primer matrimonio y una mayor exploración en su carrera. Esta nueva forma de transición hacia la adultez, más prolongada, puede verse reflejada en las respuestas de los padres cuando afirman que sus hijos han adquirido algunos de los papeles propios del adulto pero no otros. Estos cambios demográficos y funcionales han influido en que algunos investigadores recomienden prolongar los servicios propios de la transición, de forma que no terminen con la graduación escolar sino que continúen a lo largo de ese largo proceso de entrada en la vida adulta.
La transición hacia la adultez. En cuanto a las preocupaciones de los padres sobre el futuro de sus hijos adultos, una vez cumplida la graduación escolar, seis de ellos expresaron sentimientos que no eran ni positivos ni negativos: un proceso natural en sus respectivos papeles como padres y como hijos. En cinco sus percepciones parecieron reflejar más bien sus sentimientos, con términos tales como “me siento nervioso”, “tengo ansiedad”, preocupaciones sobre los resultados a largo plazo o como riesgos potenciales”. En tres de las respuestas se apreció una valoración positiva de la transición, un optimismo inspirador sobre el presente y el futuro que reflejaría la capacidad de sus hijos para progresar y adquirir nuevas habilidades. Eran padres que hablaban de sus hijos con orgullo y utilizaban términos positivos en relación con la etapa de transición.
Esta ambivalencia se parece a la diversidad de pensamientos y emociones que los padres han expresado cuando nace su hijo con síndrome de Down, desde el duelo por una esperanza perdida a la imaginación sobre sus posibilidades futuras. Esta capacidad para saber ajustarse al diagnóstico puede no ser similar a la de ajustarse al surgimiento de la adultez, pero quizá la diversidad de respuestas refleje lo que para los padres consideren como el rasgo característico de esta etapa. Es posible que las percepciones de los padres sobre el proceso de sus hijos hacia la adultez se vean reflejadas en sus sentimientos sobre la etapa de transición.
Habilidades actuales. El tercer tema abordó las percepciones de los padres sobre las actuales habilidades propias de la vida adulta. Se consideró positiva si el padre la describía como algo que su hijo la dominaba y la demostraba. Las principales áreas de habilidad identificadas por los padres fueron las relaciones interpersonales, las habilidades de autocuidado personal, el grado de independencia en su vida diaria, y el vivir independiente.
Destacó en primer lugar la capacidad que pudieran tener de crear y mantener las relaciones con diversos grupos de adultos: las estrechas relaciones familiares, o con amigos muy próximos. Aparte de ello, los padres consideraron las actividades extracurriculares como espacios en los que sus hijos tenían oportunidades para desarrollar una interacción propia de adulto. En ello invertían un gran esfuerzo, sea en deportes o en actividades artísticas, a través de diversas organizaciones, incluidas las de carácter religioso. Consideraban natural la iniciación de relaciones más íntimas aunque extremarían su supervisión. En este contexto, la mayor preocupación y menor optimismo de los padres fue la vulnerabilidad del hijo en su relación con las personas más ajenas a su círculo, su seguridad personal. Fue tema también común de preocupación la capacidad del lenguaje, de expresión.
El cuidado personal fue tema de preocupación. La mayoría de los padres (n = 9) relataron la capacidad de sus hijos para realizar tareas sencillas como vestirse, cepillarse los dientes, bañarse, etc. Pero en 5 necesitaban supervisión en habilidades propias del adulto (p. ej., completar las tareas de cuidado personal, como quitarse todo el jabón después de la ducha, utilizar y calcular correctamente el papel para limpiarse, depilarse o afeitarse, maquillarse correctamente, abrocharse bien, iniciar el cierre con cremallera, calcular la medicación etc.).
Otra preocupación fueron las tareas domésticas diarias, el manejo del dinero, el mantenimiento de una dieta sana, calcular el tiempo. Todos los padres, menos uno, confiaban en que su hijo ayudará en las tareas diarias como el lavado de vajilla, doblar la ropa limpia, hacerse la cama, cuidar de la mascota o preparar alguna comida. El nivel conseguido en estas tareas fue muy diverso pero los padres consideraban que eran signos de futura capacidad de independencia. Otra área de habilidades constituía el nivel que pudiera alcanzar en la toma de decisiones sobre el manejo del dinero. La mayoría coincidía en la necesidad de supervisar (p. ej., obtener el cambio en una compra, calcular la propina). Otra área crítica fue calcular y observar una dieta sana, manejar con seguridad los utensilios para preparar los alimentos (microondas, horno); la mayoría de los padres indicaron dificultades diversas. Fue variable también el grado alcanzado en el cálculo del tiempo.
El último tema a abordar fue la vida independiente. Todos los padres comentaron que sus hijos estaban viviendo con ellos y la mayoría afirmó su satisfacción con que su actual situación se mantuviera en el futuro o conviviendo con los hermanos (n = 10). Pero no tendrían inconveniente en sufragar el costo si vivieran fuera de su casa. De hecho, en sus cálculos entraba esa posibilidad a la hora de hacer previsiones. Para dos de ellos, la decisión de que viviera en casa dependería de las preferencias, habilidades y capacidades que su hijo hubiese adquirido. Se consideró también la modalidad de hogares de acogida. Dos padres se mostraron suspicaces sobre la capacidad de estos hogares para supervisar, facilitar interacciones, vigilar la salud.
Las autoras concluyen señalando la ambivalencia de los padres que refleja una cierta falta de claridad sobre el significado de lo que es la vida adulta en el síndrome de Down. El significado de la adultez estaba más bien condicionado por las habilidades que sus hijos habían conseguido, especialmente en relación con su seguridad personal.
Comentario: Pese al escaso número de padres que participaron en este estudio, la variedad de opiniones expresadas con sinceridad muestra la necesidad de extremar su formación, de modo que toda su enorme capacidad de prestar atención y cuidados a sus hijos con síndrome de Down acierte en dirigir el recorrido de su camino hacia la vida adulta. Somos cada vez más conscientes de la diversidad individual, principio fundamental de toda actividad educativa; pero, al mismo tiempo, conocemos mejor ciertas características que acompañan a las personas con síndrome de Down que pueden ayudar ―o entorpecer― el proceso formativo necesario para conseguir que sea una persona adulta cabal, consciente y decidido a desarrollar sus mejores capacidades.
Evolution of neuroinflammation across the lifespan of individuals with Down syndrome. (2020). Lisi Flores-Aguilar, M. Florencia Iulita, Olivia Kovecses, Maria D. Torres, Sarah M. Levi, Yian Zhang, Manor Askenazi, Thomas Wisniewski, Jorge Busciglio, A. Claudio Cuello. Brain (2020), 43: 3653-3671.
El interés por la neuroinflamación en el cerebro del SD data de hace varios años. Una importante razón es la de valorar en qué grado su presencia puede condicionar o favorecer la evolución lenta pero precoz y generalizada hacia la enfermedad de Alzheimer. Pero el interés va más allá: hasta qué punto su presencia contribuye a la aparición de problemas cognitivos, emocionales, conductuales y neurológicos independientes de la enfermedad de Alzheimer propiamente dicha; qué factores la inician; si hay factores responsables de su cronificación.
Un dato importante es que ciertos signos de neuroinflamación cerebral aparecen ya en la etapa fetal. Los autores caracterizaron el perfil inflamatorio del cerebro a lo largo de la vida de personas con SD mediante el análisis de la morfología o rasgos de la microglía indicadores de inflamación y de la expresión de citocinas, tomando como muestra la corteza prefrontal desde la etapa fetal (16 semanas de gestación) hasta los 64 años de edad, en total 127 casos; compararon los datos con muestras de las correspondientes edades en cerebros control. Apreciaron un aumento de la expresión de citocinas en los medios de cultivo obtenidos de muestras de corteza cerebral en fetos con SD ya en su segundo trimestre de gestación. En la corteza prefrontal de niños y jóvenes adultos con SD se observaron cambios morfológicos en la microglía (células en forma de bastones). Hubo aumento del nivel de IL-8 e IL-10 en niños con SD de 1-10 años (SD n = 5, controles n = 10); y hubo aumento de IL-1β, IL-1α, IL-8, IL-10, IL-15, eotaxina-3, proteína 10 inducida por IFNγ, quimiocina derivada de macrófagos y proteína-beta inflamatoria de macrófagos en adultos jóvenes con SD de 13-25 años, (SD n = 6, controles n = 24). En edades posteriores (39-68 años; SD n = 22, controles n = 16)) se redujo la expresión de algunas citocinas mientras que se incrementaron los signos de distrofia microglial.
Comentario: El interés por la neuroinflamación en el cerebro del SD data de hace varios años. Una importante razón es la de valorar en qué grado su presencia puede condicionar o favorecer la evolución lenta pero precoz y generalizada hacia la enfermedad de Alzheimer. Pero el interés va más allá: hasta qué punto su presencia contribuye a la aparición de problemas cognitivos, emocionales, conductuales y neurológicos independientes de la enfermedad de Alzheimer propiamente dicha; qué factores la inician; si hay factores responsables de su cronificación.
Datos de neuroinflamación se observan ya en el periodo fetal, lo que robustece la idea de que la alteración se debe inicialmente al desequilibrio génico provocado por la trisomía del cromosoma 21 con todas sus consecuencias; y la neuroinflamación permanece y se incrementa en grados diversos y con diversas expresiones a lo largo de la vida, en interacción con muy diversos agentes. En definitiva, mantiene un terreno cerebral de fragilidad biológica, que desgasta y es más sensible a influencias externas.
Eric Rubenstein, Mack Toth, Salina Tewolde. (2024). Autism Among Adults with Down Syndrome: Prevalence, Medicaid Usage, and Co-Occurring Conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders. 2024 Jul 24. doi: 10.1007/s10803-024-06484-2.
El objetivo de este estudio es analizar una serie de cuestiones relativas a la presencia de autismo en personas adultas de más de 18 años con síndrome de Down (SD), a partir del análisis de todas las reclamaciones y citas recogidas en la gran aseguradora norteamericana Medicaid entre los años 2011 y 2019. Detectaron, analizaron y compararon tres grupos: Personas con autismo (n = 396.426), con síndrome de Down solo (n =116.422) y con síndrome de Down + autismo (n = 6.602). En 2011, el 4,1% de los detectados con SD tenían al mismo tiempo autismo. Al cabo de 2019, la cifra subió al 6,6%. El grupo con autismo es el que solicitó menos citas y tuvo menos hospitalizaciones; estuvo seguido por el grupo con SD solo, y el grupo con SD + autismo el que más. En cuanto a la prevalencia de comorbilidades, los grupos SD y SD+ autismo mostraron mayor número de problemas: fibrilación articular, demencia, insuficiencia cardíaca, problemas renales y obesidad, en comparación con el grupo de autismo. En cambio, ambos grupos mostraron menor prevalencia de depresión o de hipertensión que el de autismo solo. En cuanto a la epilepsia, se apreció la mayor prevalencia en el grupo SD + autismo. El grupo con SD + autismo fue el que ocasionó más gastos y necesidades de servicios.
Comentario: No sorprenden los datos de este análisis, obtenidos de manera original. Destaca el alto número de individuos en cada grupo, con las limitaciones propias del método utilizado. La cifra de prevalencia de personas con autismo + SD es una más entre las muchas ofrecidas por diversos estudios, que alcanzan importantes discrepancias; debidas probablemente a las dificultades inherentes a establecer y emplear criterios comunes de diagnóstico de autismo en una persona con SD. Es común el acuerdo entre especialistas sobre la mayor complejidad y dificultad para atender debidamente al grupo de autismo + SD: exige una especial responsabilidad a las entidades relacionadas con el SD para ofrecer los necesarios apoyos a estas personas y a sus familias.
- Actividades organizadas y no organizadas de ejercicio físico en adolescentes y adultos jóvenes con síndrome de Down.
Rocío Izquierdo-Gómez, Nora Shields. (2024). Organized and non-organized activities contribute to overall physical activity levels in adolescents and young adults with Down syndrome: a cross-sectional study. Journal of Intellectual Disability Research, 68(8):997-1006.
Son varios los estudios que indican menor actividad física en las personas con discapacidad intelectual, y que la mayoría no cumple las normas de actividad física, incluida la limitación de tiempo sedentario. En la población general esto suele suceder en la etapa de transición entre la adolescencia y la adultez joven. No disponemos de suficiente información en la población con síndrome de Down (SD) durante esta fase. La participación en la actividad física se define como implicación en las situaciones reales, en la que hay que distinguir la presencia (‘estar ahí’) y la ejecución (‘la experiencia real de participación’). Los estudios sobre la participación de las personas con SD se han centrado especialmente en la medición de su actividad física y sobre las barreras o facilidades para ejercerla; pero no han abordado la participación real, es decir, su presencia y la ejecución de las actividades físicas.
La literatura actual distingue entre participación en actividades físicas organizadas y no organizadas. Por actividades organizadas se entiende actividades habitualmente supervisadas por un entrenador: prácticas organizadas, en o sin competición (p. ej., deportes, enseñanza de natación). Las no organizadas no son supervisadas por un entrenador y no implican enseñanza o competición (p. ej, andar en bicicleta, andar como sistema de transporte o por pasear, jugar al balón con amigos, o bailar). Hay estudios que indican que los niños y adolescentes con discapacidad intelectual se implican con mayor frecuencia en actividades no organizadas que en las organizadas. Y que los adultos jóvenes prefieren en mayor grado las actividades sociales que las físicas. Ciertamente, las organizadas y las no organizadas contribuyen de manera diferente en el cómputo global de actividad física. Las organizadas suelen asociarse con la actividad física intensa (vigorous) en los adolescentes y adultos jóvenes sin discapacidad, pero hay menos datos relativos a las no organizadas. El objetivo de este estudio ha sido analizar la participación de los adolescentes y adultos jóvenes con SD en las actividades físicas organizadas y no organizadas.
El estudio se realizó en 40 adolescentes y adultos jóvenes con SD que tenían entre 13 y 30 años (media: 21,4 ± 4,9 años; 27 mujeres y 13 varones). Se midió la asistencia a las actividades mediante el Physical Activity Recall Questionnaire, Children’s Assessment of Participation and Enjoyment, y Participation and Environment Measure for Children Youth Community Module. Se midió la participación en las actividades físicas organizadas y no organizadas mediante el Physical Activity Recall Questionnaire. Los participantes registraron cada actividad (diversidad), el número de veces por semana (frecuencia) que la realizaron, y la cantidad de tiempo empleado, a lo largo de tres meses. Se tomaron datos de los pasos recorridos y tiempo sedentario mediante un monitor de actividad.
No se apreció diferencia en la cantidad total de tiempo dedicado por semana entre las actividades físicas organizadas y no organizadas. Pero los participantes mostraron mayor diversidad y frecuencia en las actividades físicas organizadas (p < 0,05). Del mismo modo, su implicación fue mayor en las actividades físicas organizadas que en las no organizadas (p < 0,05). Los participantes declararon que pasaban más tiempo en una actividad física ligera durante las actividades no organizadas, en comparación con las organizadas (p < 0,05), y que pasaban más tiempo en actividades físicas intensas durante las actividades organizadas frente a las no organizadas (p < 0,05). Las actividades físicas más frecuentemente realizadas fueron la danza (danza en general, salsa, hip-hop) entre las organizadas y el paseo entre las no organizadas
Al igual que en los adolescentes y adultos jóvenes sin discapacidad, nuestros datos muestran que los que tienen SD pasaron más tiempo en un nivel intenso de actividad física durante las actividades organizadas, y en cambio el nivel era más ligero durante el desarrollo de actividades no organizadas. Dado que, en conjunto, los niveles de actividad en el SD son bajos, la participación en ambos tipos de actividades físicas contribuye a alcanzar las cantidades recomendadas desde moderadas a intensas (actividades organizadas) y a reducir el tiempo de sedentarismo (actividades no organizadas).
Comentario: El estudio, además de confirmar apreciaciones ya descritas, muestra una faceta poco destacada en estudios sobre este tema: las consideraciones sobre el valor de las actividades físicas no organizadas, siempre que se realicen durante un tiempo adecuado y con la debida frecuencia. Esto es importante en las personas con SD, en donde las características personales son tan diferentes y la presencia de diversos factores pueden obstaculizar seriamente la realización de ejercicios de alta intensidad. El artículo ofrece datos concretos de gran interés en sus tablas, que ayudarán a los responsables de programar y guiar las actividades físicas a ofrecer equilibradas propuestas, bien adaptadas a las necesidades de cada individuo.
