Política de Cookies DownMediaAlert ― Noviembre 2023, N. 62 - Síndrome de Down

DownMediaAlert ― Noviembre 2023, N. 62

DownMediaAlert ― Noviembre 2023, N. 62

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  1. La patología de los circuitos cerebrales en el síndrome de Down: desde las neuronas a las redes neuronales.
  2. Más allá del análisis del cariotipo: ¿pueden coexistir otros problemas que exijan su identificación genética?
  3. La inclusión del alumnado con síndrome de Down en los centros educativos: De las adaptaciones curriculares al Diseño Universal para el Aprendizaje.
  4. Tecnologías de apoyo o asistencia para mejorar las capacidades funcionales en niños con síndrome de Down.
  5. Mortalidad de adultos con síndrome de Down en España: sus causas antes y después de la COVID-19.

 

  1. La patología de los circuitos cerebrales en el síndrome de Down: desde las neuronas a las redes neuronales.
    Renata Bartesaghy. (2023). Brain circuit pathology in Down syndrome: from neurons to neural networks. Rev. Neurosci. 2023; 34(4): 365–423.

El síndrome de Down (SD), un trastorno genético provocado por la triplicación del cromosoma 21, se caracteriza por la presencia de una hipotrofia del cerebro y de alteraciones en la capacidad cognitiva que se aprecian ya en la infancia. Si bien los estudios realizados en los modelos animales del SD han dilucidado los principales defectos neuroanatómicos y neuroquímicos que se observan en el SD, en comparación, pocas investigaciones se han centrado en la electrofisiología del cerebro con SD. La actividad eléctrica constituye la base del funcionamiento cerebral. Por eso, conocer el modo en que los circuitos cerebrales actúan en el SD resulta fundamental para comprender las causas del trastorno de la conducta y para diseñar intervenciones bien dirigidas hacia esas causas. Esta revisión resume los últimos avances en nuestro conocimiento sobre las propiedades eléctricas del cerebro en el SD, comenzando en las neuronas individuales y terminando en el procesamiento de las señales de las redes neuronales en su conjunto. Los datos mostrados provienen de los modelos animales del SD así como de los tejidos cerebrales y neuronas provenientes de personas con SD. También se presentan los datos EEG obtenidos en los individuos con SD, como instrumento clave para comprender el impacto que las alteraciones de los circuitos cerebrales ejercen sobre la actividad global del cerebro.

El artículo original consta de 59 páginas y de 15 tablas extensamente documentadas. Puede ser solicitado a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

La revisión va dirigida no sólo a los científicos interesados en comprender la electrofisiología del cerebro SD sino, de un modo más general, a todos los investigadores que trabajan en el campo del SD. Sus conclusiones, en palabras de la autora:

“En esta revisión he intentado ofrecer un escenario tan completo y sistemático como me ha sido posible, que contempla los aspectos que son clave en la electrofisiología del cerebro del SD, abarcando desde el potencial de membrana en reposo hasta la actividad de una red en su conjunto. Pero la electrofisiología no puede desprenderse del número de neuronas, su morfología y sus conexiones. Por eso he ofrecido una revisión de todos estos temas: su morfología y su neuroquímica. Confío en que los detalles ofrecidos en las tablas permitirá que los científicos interesados en este campo aprecien, de un vistazo, lo que hasta ahora se ha conseguido y, sobre todo, se sientan inspirados para completar sus lagunas, contribuyendo con ello a ampliar nuestro conocimiento sobre los mecanismos íntimos que alteran el adecuado funcionamiento del cerebro en el SD.

El conocimiento de los mecanismos que obstaculizan las comunicaciones en el SD nos ayudará a diseñar los medios para corregirlos. Esto requiere una sinergia entre los científicos interesados en los diversos sectores, porque las distintas disciplinas o especializaciones no son equipos cerrados. Estoy convencida de que cualquier tipo de interacción cultural creará un círculo vicioso y acelerará la consecución de resultados. En relación con ello, ofrezco ahora un ejemplo fascinante que proviene de un estudio electrofisiológico realizado cuando la investigación sobre el SD estaba en sus albores, no se disponía de modelos animales, y se desconocía todavía la mayor parte de las alteraciones neuronales y de conectividad en el cerebro SD. En este estudio, Elul et al en el año 1975 registraron el EEG de chicos con SD y lo analizaron en términos de distribución gauisiana y no-gauisana de las amplitudes de onda. Si bien en los niños neurotípicos el EEG mostraba una distribución no-gausiana en las primeras etapas de la vida y se convertía en gausiana a lo largo de todas las etapas posteriores, los EEG de los niños con SD mostraron propiedades profundamente no-gausianas en todas sus edades. Basándose en el presupuesto de que la distribución gausiana de primer orden puede reflejar el grado de acoplamiento neuronal, Elul y sus colaboradores dedujeron que el SD puede estar asociado a un desarrollo neuronal postnatal incompleto en sus interconexiones entre las sinapsis corticales. Y concluyeron que ‘en el síndrome de Down puede existir un desarrollo neuronal incompleto de los delicados procesos dendríticos, o bien, una patología estructural que sea específica para este trastorno que afecte a las dendritas y a las sinapsis somáticas’. Justo, mientras ese artículo estaba en imprenta, Huttenlocher publicaba un estudio en 1974 en que se demostraba la atrofia dendrítica en la neocorteza de niños con SD. (Nota de la Redacción: Y en 1976 el español Marín-Padilla mostraba las variadas alteraciones de las espinas dendríticas en neuronas piramidales de la corteza motora de un lactante con SD).

He señalado estos hallazgos pioneros para resaltar el hecho de que los hallazgos electrofisiológicos pueden ser fuente de inspiración para, e ir de la mano con, la realización de estudios que utilicen diversas metodologías. Compartir conocimientos y esfuerzos conjuntos de todos los científicos interesados en el SD acelerará el alcanzar un objetivo común: descubrir la manera de mejorar la discapacidad intelectual propia del SD”.

Comentario: Se trata de una excelente revisión realizada por una investigadora cuyo equipo ha ofrecido importantes aportes al conocimiento sobre el desarrollo de la morfología cerebral en el síndrome de Down. No se limita a los estudios electrofisiológicos sino que abunda en la naturaleza de los modelos animales y en el análisis de la neuroquímica de las principales redes cerebrales. Satisface ver en la bibliografía (más de 270 citas bibliográficas) las importantes contribuciones de grupos españoles en este campo.


  1. Más allá del análisis del cariotipo: ¿pueden coexistir otros problemas que exijan su identificación genética?
    Ayesha Harisinghani, Gabriella Raffaele, Carrie Blout Zawatsky, Stephanie L. Santoro. (2023). Beyond chromosome analysis: Additional genetic testing practice in a Downsyndrome clinic. .American Journal of Medical Genetics Part C: Seminars in Medical Genetics, e32063. https://doi.org/10.1002/ajmg.c.32063

 La trisomía 21 aumenta de manera directa la dosis de genes localizados en el cromosoma 21, como por ejemplo el APP que codifica la proteína precursora de amiloide y está asociado a un aumento en el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer de comienzo precoz (EA). La trisomía 21 ejerce efectos distribuidos por todo el genoma sobre la regulación de la transcripción, como ha sido puesto de manifiesto por la alteración en los patrones de metilación en todos los cromosomas, más allá de los genes del cromosoma 21. Puesto que el material cromosómico 21 adicional termina por provocar resultados complejos, desde la dosis de los genes del 21 hasta efectos que alcanzan a todo el genoma e impactan a otros cromosomas, es posible que la propia trisomía 21 sea la explicación que fundamente la multitud de rasgos fenotípicos que aparecen en las personas con SD. El principio de Occam sugiere que la explicación más sencilla es la más probable; los diagnosticadores suelen atribuir todos los rasgos de uno a una única causa.

Sin embargo, con el aumento en la utilización de la secuenciación del genoma estamos identificando personas con más de un diagnóstico En las personas con SD hay una variación genética, más allá de la trisomía 21. Tales pueden ser los casos documentados de modificaciones en las variantes del número de copias del genoma en las lesiones del septo auriculoventricular, o variaciones en el gen GATA1 y el riesgo de leucemia, o en la presencia de trastorno del espectro autista (TEA). Están documentados los casos que incluyen,  junto al SD: acondroplasia, síndrome de Klinefelter, síndrome de Turner, neurofibromatosis tipo 1. Como tales, los clínicos que identifiquen pacientes con SD  y cualquier otro diagnóstico coexistente habrán de considerar el realizar una prueba diagnóstica propia de esa alteración.

Pueden surgir otras indicaciones que justifiquen la realización de pruebas genéticas adicionales en el SD. Por ejemplo, se han publicado guías del American College of Medical Genetics sobre los tests genéticos para la pérdida de audición en personas sin SD. Los individuos con SD presentan con frecuencia pérdida de audición, por lo que parecería razonable evaluar las causas genéticas de pérdida dominante de audición en un individuo con SD y una historia familiar de dicha pérdida. En personas con rasgos fenotípicos raros que no tengan una etiología clara, como es el trastorno de regresión en el SD (TRSD), un clínico puede sugerir un test genético para descartar un segundo diagnóstico genético. Además, se ha demostrado que algunos genes están asociados con el riesgo  de provocar situaciones que coexisten por lo general con el SD, como es el caso de los alelos APOE y su asociación con la demencia, o los alelos HLA-SQ2/HLA-DQ8 y su asociación con la enfermedad celíaca. El alelo ε4 de APOE (APOE* ε4) confirió riesgo genético para la EA de inicio tardío, el 80% de todos los individuos con EA mostraban al menos un alelo APOE. Valorar el APOE* ε4 o el estado HLA-SQ2/HLA-DQ8 podría ser útil para identificar a las personas con SD con “bajo riesgo” de desarrollar EA. Pero no existe una guía o normativa directa para monitorizar esos genotipos a todas las personas con SD, y las actuales guías para niños o para adultos no comentan o recomiendan la determinación del estado APOE en todos los pacientes con SD.

Nuestro objetivo en este estudio es describir  la práctica actual en el Massachusetts General Hospital Down Syndrome Program (MGH DSP), para obtener pruebas genéticas adicionales, más allá del análisis del cromosoma, en un grupo de pacientes con SD. Lo realizamos haciendo una revisión retrospectiva de las historias clínicas de los pacientes del MGH DSP incluidas en una base de datos de investigación.  Examinamos los tests genéticos ya concluidos, las indicaciones para realizarlos y sus resultados. El conocimiento de esta práctica evaluadora podría dar forma a una futura mejoría en la calidad, centrada en grupos como es el SD coexistente con el TEA. Los clínicos podrían en su práctica referenciar estos datos si han de decidir la conveniencia de realizar un test genético adicional en sus pacientes con SD.

De los 92 incluidos en el estudio, las indicaciones para hacer un test genético añadido fueron el TEA (32 personas), una enfermedad hematológica (12 personas), la evaluación de riesgo de enfermedad celíaca (18) o de demencia (11) (tabla 1). Toda prueba genética fue solicitada en atención a un problema clínico, con una base clínica y no investigadora.

Tabla 1. Noventa y dos indicaciones para realizar un test genético además del análisis cromosómico en 90 pacientes con SD (dos pacientes tenían más de una indicación para hacer el test) 

Indicación

N (%)

Trastorno del espectro autista

32 (35%)

Evaluación del riesgo de celíaca

18 (20)

Hematología

12 (13)

Evaluación del riesgo de demencia

11 (12)

Otras

5 (5)

Trastorno de Regresión

3 (3)

Tetralogía de Fallot

2 (2)

Ausencia de dientes, reducción de sudoración

1(1)

Espasmos infantiles

1(1)

Catatonía

1(1)

Historia familiar

1(1)

Pérdida de audición

1(1)

Trastornos neurológicos

1(1)

Obesidad

1(1)

Enfermedad de la retina

1(1)

Displasia septo-óptica

1(1)

El total de análisis realizados (aparte del propio del SD) fue 146. Treinta y cuatro fueron tipos específicos (p. ej., microarray, prueba de un único  gen basada en la historia familiar, un panel específico de genes para una determinada enfermedad). A 38 personas se les practicó un microarray cromosómico y a 25 una prueba de X-frágil (tabla 2). A 7 se les realizó un panel génico. Se realizó una secuenciación completa de exoma (WES) por motivos clínicos en 7 personas: 6 tuvieron WES por una razón neurológica (2 con TRSD, 2 con TEA, 1 con TEA y espasmos infantiles, y 1 con rasgos neurológicos/neuropatía) y 1 por causa de una historia médica compleja. Algunas veces se realizó el cribado por causa de demencia  mediante genotipado de APO* ε4 (12%) y por causa de celíaca mediante HLA-DQ2/HLA-DQ8 (21%).

Tabla 2. Ciento cuarenta y seis tests genéticos (además del análisis cromosómico) realizados en 92 personas con SD 

Test

N

N Tests anormales

N Tests que ofrecieron un diagnóstico genético adicional

General (N = 72)

 

 

 

  Microarray cromosómico

38

10

4

  Prueba X-frágil

25

0

0

  Secuenciación de todo el exoma

7

0

0

  FISH para 22q

2

0

0

  Secuenciación de todo el genoma

0

-

-

Paneles de genes (N = 7)

 

 

 

  Panel genes Trastorno del espectro autista

1

1

1

  Panel genes displasia ectodérmica

1

1

1

  Panel genes biopsia

1

0

 

  Panel distrofia retiniana heredada (330 genes

1

0

0

  Panel obesidad no-sindrómica

1

0

0

  Panel genes displasia septo-óptica (SOD)

 

 

 

  Panel neuropatía hereditaria (53 genes)

1

1

0

Un solo gen (N = 34)

 

 

 

  Gen HFE (hemocromatosis)

8

1

1

  Gen F2 (protrombina)

4

1

1

  Gen F5 Factor V Leiden)

2

1

1

  JAK2 (uno para variante c.1849G>T (p.V617F), y uno para

      variantes de exones 12-15)

2

0

0

  Gen MECP2

2

0

0

  Gen PTEN

1

0

0

  Análisis CARL, tamaño exón 9

1

0

0

  Gen CPT2 (deficiencia CPTII)

1

0

0

  Gen DIO2 (desyodinasa yodotironina tipo ii)

1

1

1

  PRF1, gen perforina (probando variante familiar)

1

0

0

  Gen DYT1

1

0

0

  Gen DYT2

1

0

0

  Gen PHGDH (deficiencia de serina)

1

0

0

  Gen PSTA1 (deficiencia de serina)

1

0

0

  Gen PSPH (deficiencia de serina)

1

0

0

  Gen GNS (MPS tipo III)

1

0

0

   Gen BBS10 (síndrome Bardet-Biedl)

1

0

0

   Secuenciación gen GATA1

1

0

0

  Gen MTHFR

1

1

0

  Gen MHBS (porfiria intermitente aguda)

1

0

0

  Gen HPRT1 (síndrome Lesch-Nyhan)

1

0

 

Evaluación de riesgo

 

 

 

  Genotipo celíaca (N = 33)

19

4

-

  Genotipo ApoE

11

2

-

  Genotipo CYP2D6

2

2

-

  Pruebas farmacogenéticas

1

0

-

Las pruebas genéticas detectaron anomalías. De los 146 tests realizados, 26 (18%) se catalogaron con “anormales” (tabla 2). Incluyeron cualquier resultado que no fuera negativo/normal, pero pudieron, o no, aclarar un diagnóstico. Por ejemplo el panel génico de Neuropatía Hereditaria realizado en una persona identificó una variante heterozigótica de significado desconocido en el gen IGHMBP2, pero la nota del genetista indicó que eso no parecía explicar el cuadro clínico neurológico del paciente; para producir un efecto era necesario un segundo cambio en el gen IGHMBP2 y el paciente sólo mostraba un cambio presuntamente perjudicial. Además, un posterior WES mostró normalidad. Los resultados de microarray realizados en 10 individuos con resultado anormal son descritos en una tabla suplementaria.

Fueron sometidos a 33 tests genéticos para evaluar el riesgo de situaciones que abarcaron el HLA-DQ2/HLA-DQ8 para la celíaca, el APO* ε4 para la demencia, el genotipado CYP2D6 como apoyo farmacogenético. No consideramos a estos tests como diagnósticos, sino más bien como indicadores de un estado de riesgo o de su capacidad metabólica de fármacos .El genotipado por sí solo no constituye un diagnóstica formal de celíaca, pero entre los 19 individuos con HLA-DQ2/HLA-DQ8, 4 dieron un test positivo y una mayor probabilidad de desarrollar celíaca. Y en los 11 individuos con test de APO* ε4, 2 fueron 3:4 con aumento de riesgo de demencia mientras que 8 fueron 3:3 y 1 fue  2:3 sin que hubiera aumento de riesgo de demencia.

Algunas pruebas genéticas concluyeron en diagnósticos clínicos además del SD. De los 146 tests realizados, 10 fueron “diagnósticos” y determinaron que el test genético, además del análisis cromosómico, definía un diagnóstico adicional (tabla 2) en 5 individuos con autismo, 3 con una enfermedad hematológica, y 2 con otras patologías..  Se identificaron diagnósticos mediante microarray cromosómico en 4 individuos con SD, mediante un panel génico en 2, y mediante test de un único gen en 4 (entre 2012 y 2022). Además de estos 10, en la revisión, un paciente con SD mostró un segundo diagnóstico genético ya identificado mediante el análisis cromosómico inicial.

Es razonable recurrir a nuevos análisis genéticos, más allá del cromosómico característico del SD, para pacientes con SD que muestren rasgos sugerentes de un diagnóstico secundario coexistente con su SD.

Comentario: El presente artículo es un ejemplo y un argumento más que justifica la conveniencia de que existan unidades clínicas especializadas en síndrome de Down, dentro de instituciones médicas generales o en íntima conexión con ellas. De él cabe deducir tres consideraciones: 1) la clara demostración de cómo, detrás de la trisomía del cromosoma 21, puede haber otras alteraciones genéticas detectables mediante pruebas diagnósticas de precisión; 2) la conveniencia de que la unidad clínica disponga de un fuerte respaldo en términos instrumentales y técnicos; y 3) la conveniencia de que la unidad abarque a todas las edades, dada la complejidad y variedad con que los síntomas aparecen y se imbrican unos con otros.


  1. La inclusión del alumnado con síndrome de Down en los centros educativos: De las adaptaciones curriculares al Diseño Universal para el Aprendizaje.
    Emilio Ruiz Rodríguez. (2923). Cuadernos de Actualidad nº 7. Fundación Iberoamericana Down21. 78 pág.

Para responder a la diversidad es preciso mejorar, de manera amplia y general, las prácticas de aula y las medidas organizativas de los centros. Siguiendo la trayectoria marcada por su primer libro “Síndrome de Down: la etapa escolar. Guía para profesores y familias”, la propuesta que aquí presenta el autor se ubica dentro del marco de las que denomina adaptaciones curriculares de aula. Intenta definir formas de actuación en la clase que sean aplicables al grupo de alumnos en conjunto, de manera que el niño con síndrome de Down sea uno más y que no requiera de ninguna medida diferente, salvo las derivadas de su propio estilo de aprendizaje. Al mismo tiempo y de forma complementaria, se está dando respuesta a la segunda demanda, la falta de capacitación técnica del profesorado para atender al alumnado con síndrome de Down, al proporcionar estrategias concretas de intervención aplicables desde el primer momento, en este caso para el conjunto de la clase.

Son propuestas atrevidas para las que se exige formación, entrenamiento, dedicación y delicada evaluación. Familias y profesionales necesitan encontrarse, con serenidad y comunidad de interés por conseguir la mejor formación de todos los alumnos.

Descargable en: https://www.down21.org/libros-online/Boletines-Down21/La-inclusion-de-alumnado-con-sindrome-de-down7.pdf


  1. Tecnologías de apoyo o asistencia para mejorar las capacidades funcionales en niños con síndrome de Down.
    Kaylin White, Samuel S. Han, Angela Britton, James Hendrix. (2023). A feasibility study demonstrating that independence, quality of life, and adaptive behavioral skills can improve in children with Down syndrome after using assistive technology. PLoS ONE 18(5): e0284738. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0284738

Se ha demostrado el impacto positivo que el empleo de la tecnología de apoyo o asistencia (TA) consigue sobre la calidad de vida de las personas con enfermedad de Alzheimer (EA). La TA se define como cualquier producto usado para incrementar, mantener o mejorar las capacidades funcionales de personas con algún tipo de discapacidad. Si bien la etiología de la reducción cognitiva en la EA difiere de la que se observa en el síndrome de Down (SD) desde sus primeras edades, existen algunas similitudes fenotípicas. Y si la TA es útil en las personas con EA cabe pensar que también pueda serlo en los niños y adolescentes con SD. El presente estudio ha examinado la viabilidad o posibilidad razonable de que un determinado producto de TA, el llamado MapHabit System (MHS), pueda mejorar las actividades de la vida diaria, la calidad de vida y la independencia, al aplicarlo a un grupo de 26 personas con SD, entre 7 y 17 años de edad, durante cuatro semanas. Lo que pretende este estudio preliminar es garantizar la viabilidad del método, para después analizarlo con mayor profundidad mediante ensayos clínicos aleatorizados.

La mayoría de la TA dedicada a las personas con SD atienden a la enseñanza y reforzamiento de habilidades funcionales altamente específicas, como son la memoria, la inclusión social o el empleo. Aunque estas tecnologías se centran en habilidades particulares, lo que es universal es el objetivo de apoyar a la capacidad de tomar decisiones, de incrementar la auto-determinación, mejorar la autoestima mediante actividades diarias: son capacidades cuya adquisición debe ser prioritaria. El MHS es una aplicación software comercialmente disponible que utiliza medios visuales, de audio y texto para crear guías visuales paso a paso, ―llamados mapas― que ayudan a los individuos y sus cuidadores a estructurar y conseguir el desarrollo de las actividades de la vida diaria (AVD). Se ha demostrado su eficacia en la mejora de la calidad de vida de las personas con EA. Trata de desarrollar hábitos y rutinas mediante estímulos bien estructurados visuales y auditivos.

Tanto los participantes como sus cuidadores  fueron primero instruidos por los coordinadores del MHS, los cuales personalizaron el sistema ajustándolo a las características de cada uno. En las evaluaciones pre/post se utilizó el Adaptive Behavior Assessment System-3ª ed (ABAS-3) para valorar las habilidades conceptuales, sociales y conductuales prácticas que son significativas en funcionamiento diario. Se utilizó el cómputo de adaptación general (GAC) del ABAS-3.

El conjunto de los resultados conseguidos en las pruebas de valoración y en los informes de los cuidadores avala la viabilidad del método utilizado mediante esta TA, mejorando las conductas de los niños y jóvenes en el contexto familiar. Da garantías para completar sus posibilidades de uso mediante ensayos aleatorizados, si bien hay aspectos que deberán ser tenidos en cuenta, como es la presencia de subgrupos en las personas con SD, en función de la intensidad o gravedad de su discapacidad intelectual.

Comentario: El dato que resulta más destacable es la importancia que asume la TA en las técnicas para mejorar aspectos fundamentales de la vida diaria. Es incorporar un nuevo medio de aprendizaje de cuestiones prácticas dentro de la casa. Son muchos los padres que demandan formas o maneras de mejorar su práctica diaria en la enseñanza que desean ofrecer ante las carencias de su hijo con SD. El MHS puede servir de ejemplo para desarrollar adaptaciones adecuadas a cada país, circunstancias, estilos.


  1. Mortalidad de adultos con síndrome de Down en España: sus causas antes y después de la COVID-19.
    Beatriz Sánchez Moreno, Laura Adán-Lirola, Javier Rubio-Serrano, Diego Real de Asúa. (2023). Causes of mortality among adults with Down syndrome before and after the COVID-19 pandemic in Spain. Journal of Intellectual Disability Research, 2023. doi: 10.1111/jir.13096

El aumento en la esperanza de vida de las personas con síndrome de Down (SD) acreditado en las últimas décadas ha modificado el perfil de sus comorbilidades y complicaciones. Superados ya los 60 años como media, son más frecuentes las patologías crónicas entre las que destaca la enfermedad de Alzheimer (EA) por causas bien conocidas. Dado el curso progresivo e irreversible de esta concreta patología, su impacto en la calidad de vida y mortalidad es enorme, siendo las infecciones respiratorias las principales causas de hospitalización y muerte, tanto en la población general como en la que tiene SD. La prevalencia de estas infecciones se debe a la progresión de la demencia y al desarrollo de una disfagia de origen neurógeno que facilita la neumonía por aspiración. Pero, además, en la población con SD se suman la disregulación del sistema inmune que la hace más vulnerable ante las infecciones, y la frecuencia con que aparecen otras comorbilidades como son la obesidad, la diabetes o la epilepsia; todo ello contribuye a aumentar el riesgo de neumonías convirtiéndolas en la principal causa de muerte en el SD.

Con la aparición de la pandemia COVID-19 en 2020 se observó que las personas con SD tenían mayor probabilidad que la población general de tener que ser hospitalizadas y tres a diez veces mayor riesgo de mortalidad en los primeros seis meses de la pandemia. Además, en las primeras oleadas de la pandemia, los adultos con SD y demencia mostraron una tasa de mortalidad relacionada con la COVID tres veces mayor que en las neumonías no-COVID. Incluso después del comienzo de la campaña de vacunación, se publicó un estudio realizado en Madrid en el que se vio que la tasa de mortalidad en las personas con SD fue 12,7 mayor que la de la población general.

Nuestro objetivo ha sido describir la causas de mortalidad en una cohorte de adultos con SD, con y sin demencia, antes y después del comienzo de la COVID-19, y comparar el perfil clínico entre ambos grupos.

El estudio ha sido de tipo transversal, retrospectivo, realizado en 572 adultos con SD que acuden a la Unidad SD de un hospital universitario de atención terciaria, en Madrid. La media de edad fue de 43,4 años (DE: 11,8 años); el 48,6% (278) eran mujeres. La mayoría (532: 93,0%) presentaba una discapacidad intelectual moderada-ligera, en el 2,97% (17) era grave o profunda, y no hubo datos en 23. De la muestra total, 125 (21,9%) presentaba diagnóstico de EA (32 como MCI y 93 como demencia). Mostraban epilepsia con diagnóstico concomitante de EA 41 participantes.

A lo largo del periodo de seguimiento, murieron 67 participantes, 20 en el periodo prepandémico (desde el comienzo del reclutamiento y seguimiento en diciembre de 2016 al 29 de febrero de 2020), y 46 tras el comienzo de la pandemia (desde el 1 de marzo de 2020 hasta el final del periodo de seguimiento, el 26 de octubre de 2022). La edad, la demencia, la epilepsia y la presencia de comorbilidades se mostraron asociadas significativamente a un mayor riesgo de muerte, con independencia del periodo estudiado. En cuanto a las causas de la muerte, 36/66 murieron por infecciones respiratorias, 3/88 por otras infecciones y 9/66 por otras causas. En 18/ 66 no se pudo conocer la causa. En las relacionadas con infecciones respiratorias, 9/20 ocurrieron en el periodo prepandémico (45%) y 27/46 tras el inicio de la pandemia (58,7%). Los mecanismos más frecuentes fueron infecciones por COVID-19 (15/66, 22,7% de las muertes) u neumonías por aspiración (12/66, 18,2%).

Pudimos apreciar que la medicación psicotropa fue un factor de riesgo para la mortalidad (OR 2,24; 95% CI 1,04-4,82). Al comparar las muertes en ambos periodos (pre y post-pandémico), el uso de medicación psicotropa fue el único factor significativamente asociado con las muertes post-pandémicas frente a las muertes pre-pandémicas, mostrando así ser un mayor factor de riesgo en la fase post-pandémica. Se sabe que la pandemia aumentó la prevalencia de problemas de salud mental y exigió una más intensa prescripción de medicación psicotropa, y que ésta puede convertirse en factor de riesgo de neumonías, especialmente en pacientes con EA. Se ha sugerido también la posibilidad de que pacientes con trastornos mentales hayan tenido menos acceso a las técnicas de atención intensiva en el periodo álgico de la pandemia.

La vacunación contra la COVID-19 mostró tener un efecto intensamente protector sobre la mortalidad post-pandémica, reduciendo el riesgo de la muerte en un 95% (OR 0,0002; CI 6,7e10-6 a 0,004).

El estudio también mostró que la aparición de la COVID-19 no afectó a la tendencia que ya existía antes de la pandemia, en el sentido de que en nuestro país va aumentando la esperanza de vida de los adultos con SD, lo que refuerza la idea de que están recibiendo la debida atención en las diversas dimensiones de sus vidas.

Comentario: Los autores destacan dos idea; a) la validez de la vacunación anti-COVID en la población con SD, y b) el peligro que puede significar la utilización de fármacos psicotropos que, por diversas razones, incrementan el riesgo de que el adulto (con o sin SD, no lo olvidemos) padezca neumonías que puedan ser mortales; el riesgo será mayor cuanto más coincida con otros factores de riesgo (en este caso, la propia pandemia). Una vez más se impone la necesidad de ser prudentes y precisos a la hora de prescribir psicotropos, imprescindibles muchas veces, ajustando las dosis y duración de la prescripción a las reales necesidades de cada individuo.